En nuestro Estado existen decenas de sitios considerados como oasis. Los oasis varían de tamaño y no todos presentan agua superficial; por regla general ofrecen un contraste de verdor al paisaje desertico.
Precisamente en estos lugares los religiosos jesuitas establecieron las misiones iniciales y muchos de ellos dieron origen a las primeras poblaciones de nuestra península, considerando que la presencia de agua, una temperatura menos agresiva que el desierto y mayor humedad, permitían realizar labores agrícolas y de transformación de productos.
Fernando Jordán, describe así el oasis de Comondú.
"En Comondú se produce todo lo necesario para alimentar a la escasa población… Los productos principales son aceitunas y uvas… Lo mismo se corta caña de azúcar y se fabrica panela que se pizcan higos, manzanas, naranjas, aguacates y otros frutos. Se siembra maíz, calabaza y frijol. Sobre las mesetas que se levantan por encima del pueblo, pace el ganado, vacuno y caprino, y de su leche se fabrican quesos de primera calidad. El fruto de exportación más común es el dátil… El clima y la tierra son tan nobles en este Oasis, que en diciembre y enero pueden cortarse sandías en cualquiera de los huertos…”