Después de la Revolución varios militares fueron designados por la federación para gobernar el territorio; en ocasiones la población se organizó para contar con autoridades nativas.
En 1920, Adolfo de la Huerta autorizó la celebración de un plebiscito para eligir gobernador; resultando electo el sudcaliforniano Agustín Arriola Martínez.
En 1929, el gobierno central atendió la petición de un grupo de profesionistas y comerciantes de la región para que el General Agustín Olachea Avilés fuera nombrado gobernador, señalando a su favor, que
el mal estado económico y político se debía a que los gobernantes desconocían el territorio y manifestaban escaso interés en su desarrollo.
A partir de 1945, nació el Frente de Unificación Sudcaliforniano el cual dejaba clara su determinación por luchar un gobernador nativo y electo por el pueblo, pugnaba para que el Congreso de la Unión emitiera leyes que permitieran el avance de la industria, el comercio y la educación.
Con el lema Gobernador nativo o con arraigo diversos activistas locales dieron seguimiento a las aspiraciones del FUS, a través del Cuerpo Colegiado de Integración Política de Sudcalifornia. Se emprendió
una campaña en todo el territorio que vino a culminar en el movimiento Loreto 70. Y un poco después con la designación de Félix Agramont Cota como gobernador.