El territorio de asentamiento corresponde a la región actual de Los Cabos, hasta las proximidades de La Paz; además de haber habitado las islas San José, Cerralvo y Espíritu Santo.
Cada grupo estaba organizado por rancherías de hasta trescientos individuos agrupados por vínculos de parentesco, entre un número reducido de familias. Los líderes podían ser tanto hombres como mujeres. Algunos individuos practicaban la poligamia, a diferencia del resto de los californios.
En cuanto al vestido, los hombres andaban desnudos, adornándose la cabeza con perlas y plumas blancas. Las mujeres usaban un faldellín de dos piezas que llegaba hasta un poco más abajo de las rodillas, elaborada de cordelillos muy tupidos y espesos; se adornaban con figuras de nácar, caracolillos y perlas.
La caza era abundante, aprovechándose venados, zorras, ardillas, víboras y ratones. Recolectaban frutos, semillas y raíces, sobre todo pitahaya y ciruela. Para pescar construían balsas de chilicote. Usaban instrumentos similares a los demás californios, diferenciándose por el material utilizado y el remate de éstos. Para transportar a los infantes, las mujeres usaban la “cora”, en lugar de una red como los otros grupos, la cual consistía en una batea ovalada y honda, a manera de cuna, misma que transportaban en la espalda cuando se cambiaban de sitio.