Al inicio del siglo XIX los placeres perleros eran explotados por empresarios mexicanos conocidos como armadores, provenientes de Sonora y Sinaloa, que contaban con capital para habilitar embarcaciones y contratar buzos. Un poco después se incorporaron armadores locales. A partir de 1830, aumentó la pesquería de perlas debido a la mayor demanda de los compradores extranjeros, en especial los rusos, que llegaban directamente a La Paz en busca de ellas.
En 1884, la Compañía Perlera de Baja California obtuvo la concesión de explotación exclusiva de casi la totalidad de las costas occidentales del Golfo, de las islas Espíritu Santo, Cerralvo y San José.
Seis años después fue comprada por la corporación británica The Mangara Exploration Co. Ltd.; llegando a explotar cerca de 200 toneladas de concha anualmente.
En 1903, Gastón Vives fundó la Compañía Criadero de Conchas y Perlas de Baja California, S.A. Fue la primera experiencia en acuacultura marina en el mundo, sus investigaciones y logros fueron premiadas por la Academia de Ciencias de París.
A finales del porfiriato, buzos y pescadores se manifestaron en huelga contra la compañía de Gastón Vives, logrando a la postre que Madero cancelara, en 1912, la concesión y que fuera indemnizada por los 20 años de vigencia faltantes.