En 1868, José Rosas Villavicencio descubrió unas piedras esféricas de color verde, mismas que mandó analizar a Guaymas Sonora.
Blumhart y Miller, dos alemanes avecindados en Guaymas, lo visitaron y les reveló el sitio del yacimiento por la suma de 16 pesos.
Contrataron trabajadores y, en menos de dos años, agotaron la capa superficial del yacimiento de cobre y se fueron.
Para 1872, la negociación Eisenmann y Valle acaparó la mayoría de los fundos y los traspasó a la Compañía El Boleo; hasta ese año, con mano de obra yaqui y técnicas rudimentarias, se enviaron a Europa 60 mil toneladas de cobre, situación que provocó que la casa Rothschild, líder en el comercio mundial de minerales, enviara una comisión de expertos europeos, en 1884, los cuales estimaron la duración de la explotación en 50 años.
El 7 de julio de 1885, el gobierno otorgó una concesión a los representantes de la negociación Guillermo Eisenmann y Eustaquio Valle, para el establecimiento de una colonia minera en Santa Águeda, municipio de Mulegé, autorizando traspasar a la Compañía anónima francesa El Boleo dicha concesión. La empresa quedó exenta de impuestos locales o federales, tanto de importación como de exportación, de productos, incluido el cobre; durante el término de ¡cincuenta años!
Al iniciar el siglo XX, Santa Rosalía contaba con cerca de diez mil habitantes y producía once mil toneladas de cobre anuales. Los avances tecnológicos de la época se encontraban ahí, como el ferrocarril de vapor y la fundición; y servicios como la electricidad, el teléfono y el telégrafo.