Algunos platillos se encuentran en proceso de desaparecer, porque se han establecido vedas que no permiten el aprovechamiento tradicional de recursos, por encontrarse en peligro de extinción, o bien porque el proceso de industrialización compite haciendo incosteable la producción. Han pasado a la historia los platillos a base de caguama debido a una comprometida campaña para proteger a esta especie marina. La machaca de venado y de burro han sido sustituidas por machaca de res.
En las fiestas familiares es usual la tatema, la cual consiste en cabeza de vaca aderezada con ciertos condimentos y hoja de palma tierna; cocinada al vapor en un horno rudimentario bajo el suelo.
En el campo se preparan guisos a base de palomas y liebres acompañados de café talega con leche bronca; también dulce de pitahaya, queso de apoyo, requesón, chopitos y mantequilla de rancho; aceitunas en San Javier y Comondú; pan francés en Santa Rosalía; conservas de dátil en San Ignacio;dulce de calabaza y guayaba en San Bartolo; panocha de gajo, alfeñique, piloncillo, en La Candelaria y Todos Santos; vino de uva, de dátil, fermentos de ciruela, de toronja, licor de damiana y ciruelas de monte en escabeche.
En la costa, podemos degustar langosta cocida o en machaca; así como abulón cocido, en chorizo o a la plancha; pescado empapelado o en ceviche; almejas en escabeche y tatemadas, camarones,etc.