Hemos heredado de nuestros antepasados el conocimiento de las propiedades medicinales de plantas, minerales y animales. Este conocimiento lo dominan los yerberos o curanderos y las personas mayores de la comunidad; los cuales han hecho uso de remedios a través de tizanas, cataplasmas y ungüentos; habiendo mezclado conocimientos de los indígenas, de españoles y de una aguda observación del medio ambiente, a lo largo de generaciones. Esta forma de curar se ha transmitido por tradición oral.
Son conocidas las propiedades de la iguana, la enjundia, el aceite de caguama, hígado de bacalao, raíz de cholla, miel de abeja, orégano, gobernadora, sábila, huatamote, borraja; y otras plantas medicinales, las cuales por su bajo costo, y estar disponibles, siguen siendo utilizadas.
La gente de otros estados del país ha aportado su conocimiento de las propiedades curativas de plantas de sus lugares de origen, por ejemplo: el tepezcohuite, para cicatrizar quemaduras en la piel. También en las ciudades es importante la presencia de centros naturistas, donde la población acude para tratar sus dolencias, mediante la herbolaria, masajes y medicina homeopática.
Destaca por sus estudios y publicaciones de medicina herbolaria y arte culinario de B.C.S., José Guadalupe Ojeda Aguilar; así como Miguel del Barco que documentó, en el periodo misional el conocimiento de los indígenas californios sobre las propiedades de plantas y animales.